Kurdistán: un pueblo sin estado y en pleno polvorín

Con motivo del inicio del año nuevo kurdo y ante cientos de miles de enfervorizados seguidores, Abdullah Ocalan, condenado a cadena perpetua y líder del PKK – Partido de los Trabajadores del Kurdistán, etiquetado por muchos países de organización terrorista –  sorprendió al anunciar no únicamente un alto el fuego, sino también la retirada de todas los efectivos del grupo (los expertos calculan que ést0s ascienden a más de 3.000) del territorio turco, en lo que algunos consideran la culminación de años de esfuerzos ejercidos por ambas partes para poner fin a un sangriento conflicto que se ha alargado durante décadas y ha dejado tras de sí más de 40.000 muertes, de kurdos en una gran mayoría, así como miles de familias completamente devastadas.

Con esta declaración, el grupo satisface al fin una de las condiciones que el Primer Ministro del país otomano, Recep Tayip Erdogan, ha exigido reiteradamente antes de dar su visto bueno a cualquier pistoletazo de salida de negociación formal que pueda tener lugar. Un proceso similar fue puesto en marcha en 1999, tras la captura de Ocalan por las fuerzas turcas. Un proceso que sin embargo fracasó estrepitosamente y dio en su momento al ejército turco una excusa más para llevar a cabo actos indiscriminados de represión denunciados en numerosas ocasiones por organizaciones como Human Rights Watch.
La segunda tanda de charlas hacia la paz presentaba ya tintes mas optimistas y culminó en los Acuerdos de Oslo de 2010, que muchos aún consideran como la esperanzadora hoja de ruta de la que cualquier nueva tentativa debe partir. Los esfuerzos en pos de la paz se vieron en efecto reavivados el pasado octubre (momento sabia y prudentemente elegido, ya que las elecciones están aún muy lejos y el Gobierno de Erdogan goza de una popularidad sin precedentes entre la población turca) y coincidieron con una huelga de hambre organizada por los presos kurdos que en su momento impactó profundamente a la sociedad. A pesar de verse gravemente amenazado después de que tres activistas del PKK fueran asesinadas en París, muchos aún creen que este tanteo inicial representa la mejor oportunidad de poner fin a una sangrienta y silenciosa guerra civil que no ha hecho más que perjudicar a ambas facciones. Las provocaciones de ambos lados suelen llevar las negociaciones a un desesperanzador punto muerto, y es por esto que los representantes moderados se han esforzado esta vez en no ceder a ningún tipo de instigación radical. Alcanzar la confianza mutua se presenta, fuera de toda duda, como uno de los objetivos más importantes por los que ambas partes han venido luchando contra viento y marea.
La pregunta que gira constantemente en torno a cualquier nuevo ofrecimiento de paz sigue siendo, ¿qué concesiones está dispuesto a hacer el Gobierno Central? Turquía es hogar de unos 15 millones de kurdos, aproximadamente el 20 por ciento de la población total. ¿Qué ha venido, en este sentido, el PKK exigiendo desde hace años? A pesar de que en los últimos años la mayoría de kurdo-turcos han podido disfrutar de libertades sin precedentes y de que han sido suavizadas gran parte de las restricciones sobre ellos impuestas, por ejemplo en lo que concierne a la enseñanza de lengua kurda, para así revertir años de discriminación y alienación, la comunidad kurda en Turquía anhela, sobre todo, el reconocimiento de un número aún mayor de derechos culturalesmayor autonomía local y la amnistía para la gran mayoría de activistas encarcelados (la libertad de Ocalan por ende representaría un gran paso adelante en el camino hacia la paz). El momento también resulta extremadamente esperanzador si se tiene en cuenta que cualquier reconocimiento de derechos podrá, en su caso, ser incluido en la nueva Constitución que el Parlamento aún redacta a día de hoy.
El resto de kurdos repartidos por la región exigen para sí más o menos los mismos derechos, aunque notables diferencias surgen cuando lo que se debate es la soberanía. En efecto, la comunidad kurda se erige como la minoría étnica más numerosa sin Estado en Oriente Medio, y algunos expertos consideran que llega incluso a representar más de 40 millones de personas. Todos ellos han compartido durante décadas un sueño de independencia, complicado por la realidad sobre el terreno. Han sido en numerosas ocasiones victimas de duras represiones como consecuencia de la búsqueda de este sueño, y en cierto modo se han visto forzados a poner su lucha en manos de la insurrección armada capaz en muchas ocasiones de ejercer una mayor presión en pos de su causa y, sobre todo, de atraer la atención del resto del planeta.
El Acuerdo de Sykes-Picot de 1916 prometió un Estado propio al pueblo kurdo. Así, el nacionalismo kurdo tiene su origen en el desmembramiento del Imperio Otomano, en particular en el Tratado de Lausana que en 1923 reconoció a la República de Turquía como un estado soberano, haciendo añicos cualquier esperanza de crear un Kurdistán independiente. Tras décadas de anhelos insatisfechos, sus ambiciones políticas se han visto enormemente consolidadas tanto como consecuencia a medio plazo de la invasión de Irak como por los efectos colaterales de la “Primavera árabe”. Gran parte de las razones por las que muchos analistas consideran que en esta ocasión la paz es posible residen al otro lado de la frontera, en las zonas kurdas de Siria e Irak, donde las diferentes dinámicas de la región avivan las esperanzas de la minoría en cuestión.
Hay que señalar que, sin embargo, el pueblo kurdo ha sido incapaz desde hace años  de luchar bajo una sola bandera, es decir, diferentes grupos actúan en nombre de cada una de las regiones que conformarían un futuro Kurdistán. Y, a pesar de que es el PKK quien representa la matriz de todas ellas y muchas veces incluso financia sus acciones, estos grupos se ven a menudo enfrentados entre sí, lo que dificulta increíblemente cualquier tipo de acción común. Las ofensivas del PKK contra Turquía suelen provenir del sur de la península otomana y del norte de Irak. En Irán el actor de referencia es el Partido de la Vida Libre del Kurdistán y en Siria es el Partido de Unión Democrática (PYD en turco) quien domina las pretensiones nacionalistas. Gran parte de estas organizaciones tienen como fin último crear un Estado independiente de Kurdistán, formado por todas o algunas de los territorios de mayoría kurda, mientras que otras únicamente batallan por una mayor autonomía kurda dentro de las fronteras nacionales existentes.

La minoria en Siria

En lo que se refiere, en primer lugar, al destino de los kurdos en Siria, todo gira en torno a la “Primavera árabe” y, en particular, al ocaso de la buena relación que Turquía y Siria venían manteniendo durante los últimos años. Poco después de los primeros levantamientos en Siria, Ankara anuncio su apoyo incondicional a los rebeldes que se oponen al régimen del presidente Bashar al-Assad. En represalia, Damasco dejó de perseguir milicias kurdas que suelen esconderse en el extremo norte-oriental de su territorio, caso en particular del PYD.
Precisamente, y principalmente porque son conscientes de que la oposición en Siria cuenta con el respaldo de Turquía y aún no ha reconocido los derechos de la nación kurda, los kurdos sirios muestran abiertamente que su lucha tiene como objetivo la concesión de mayor autonomía, y no el derrocamiento de Assad, y es por ello que han recurrido a las armas: para defender su territorio. Además, algunos de sus elementos aún mantienen relaciones demasiado cercanas con el régimen alaui. Tras meses de escalada del conflicto, la gran mayoría de las fuerzas de este último tuvieron que ser movilizadas al sur, dejando trás de si a un PYD prácticamente a cargo de toda la región kurda, así como de amplias zonas de la frontera con Turquía. Este ha sido sin duda uno de los factores que han empujado a Turquía a buscar la paz con el PKK.
No obstante, se ha de señalar que los kurdos sirios también se encuentran significativamente divididos entre sí. La otra gran facción que los representa es el Consejo Nacional sirio kurdo, que paradójicamente mantiene muy buenas relaciones con el Gobierno regional kurdo en Irak, que a su vez valora en mayor medida sus vínculos con Turquía. De hecho, no son pocos los que  proclaman que el conflicto sirio ha galvanizado la unidad kurda a favor de la autodeterminación, razón por la cual el Gobierno autónomo del Kurdistán iraquí ha enviado cientos de combatientes con la misión de proteger el territorio sirio en manos de los kurdos.

El caso de Irak

En efecto, hoy en día Irak es el único país donde se ha puesto un marcha un diálogo continuo entre el gobierno central y el gobierno regional kurdo, en el marco del “nuevo Irak” que surgió tras la caída de Saddam Hussein. La región autónoma semi-independiente kurda del norte de Irak, nacida tras el final de la Primera Guerra del Golfo, allí donde los aliados establecieron un refugio seguro, está hoy en controlada por el gobierno regional kurdo y representa las mayores ganancias que la comunidad kurda ha obtenido hasta el momento: controla por completo su propio proceso legislativo, tiene sus propias fuerzas armadas y, paradójicamente gracias a Turquía, también está viendo su autonomía económica aumentar día a día.
Disfruta además de un desarrollo económico notable: las autoridades estiman que el crecimiento girará este año en torno al 9%. Se trata de un territorio sin salida al mar, y ello los convierte en una entidad totalmente dependiente de una política activa de fronteras abiertas que les fuerza a mejorar constantemente sus relaciones con sus vecinos. Las reservas de petróleo estimadas ascienden a unos 45.000 millones de barriles (un tercio de las de Irak). Espoleado por el boom petrolero, el Gobierno Regional de Kurdistán ha firmado acuerdos con destacadas empresas extranjeras, y en enero comenzó a exportar petróleo a través de Turquía, lo que ha enfurecido enormemente al gobierno árabe de Bagdad (que, a diferencia de Turquía, apoya el régimen sirio y se ha venido enfrentando a levantamientos cada vez mas frecuentes). Este último se ha planteado incluso la idea de disminuir la asignación de ingresos todavía vitales para el territorio. Los kurdos han decidido en consecuencia adoptar una línea asertiva, y proclamar reiteradamente que su intención no es la secesión, a pesar de que en paralelo y regularmente ha ido acumulando muchos “hechos sobre el terreno”. Han aprendido de años de levantamientos constantes brutalmente reprimidos bajo el régimen de Sadam Husein (que incluso recurrió a la guerra química).
La comunidad recibió una libertad sin precedentes tras de la intervención de los EE.UU. y lleva siete años buscando la aprobación de su constitución, prevista en la Constitución iraquí de 2005 pero obstaculizada por las diferencias políticas entre el partido gobernante y los partidos en la oposición. Ello representará quizás el punto de partida de un proceso que eventualmente podría llevarlos a una independencia enormemente esperada, tanto para ellos como para, en última instancia, sus hermanos.

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