Egypt up close and personal

It’s no wonder Egypt impresses each and every visitor it always welcomes with open arms and heart, accompanied with the biggest sincere smile you will ever see. But it’s not only about History, camels, souks, mystery, mummies, veils and Bedouins. Egypt and, above all, its capital, is much more, something pretty indescriptible. Something that gets you and never let you go. Something you feel deep in your bones. Something only people like my dear friend Maria (remember her name, you’ll thank me later!) can try to explain. Read it (use Google Translate, you won’t regret it) and try not to cry if you have been there. If not, you’ll understand why we, adoptive Cairotes, miss it so much. 


Egipto de cerca. Palabras al azar.

Desde hace unos años resido en El Cairo. Aquí vivo y aquí trabajo. Ando por las ruidosas calles de la capital, como los deliciosos platos típicos como la Molokheya o el Omm Ali y me imbuyo en la continua explosión de luces e imágenes que invade el paisaje urbano. Comparto mi cotidianeidad con egipcios y extranjeros por igual, de los cuales la mayoría mantienen una curiosa relación de amor-odio con el inmenso Cairo, “Al Qahira”, “La Victoriosa”.

“Una vez que has bebido del Nilo, estás destinado a volver” dice el proverbio. A eso me refiero; a que El Cairo a pesar de la suciedad, el tráfico, el caos o la pobreza, se te mete debajo de piel, creando una conexión única que es probable te acompañe por el resto de tus días. Siempre me pregunto el porqué de esta reacción, casi química. Creo que una posible respuesta es que los humanos somos como esta ciudad; ruidosos, llenos de vida y por naturaleza intransigentes con las normas y las pautas. El sentimiento de identificación con la capital nos toca en puntos muy profundos y es por eso que es difícil descifrar y describir.

En estos años he conocido a personas extraordinarias, de esas que te gustaría encerrar en una habitación de tu casa para que nunca pudieran irse (pero que inevitablemente se acaban escapando por una rendija de la ventana). Shelley, Yasmin, Berta, Itxaso, Juanba…. Sí, me permito saludar, cual señorita de provincia en un programa de televisión.  Supongo que son esos ratos tontos, de risas flojas, respirando el mismo aire en una terraza, bailando como si no hubiese mañana,  sintiéndose un poco revolucionarios lo que te tatúan nombres y momentos con tinta imborrable.

Pero no solo son las personas, no se crean. El Cairo tiene mucho que ver.  La ciudad que un día te pone de los nervios, otro día te fascina y otro te emociona con pequeñas cosas que no podrá ver en ningún otro lugar. Hablo de cosas como compartir una pelea con un taxista, una clase de “bellydance”,la caída de Mubarak, una sesión de belleza a precio de ganga o el golpe de Estado que borró a Morsi del mapa (¿dónde está Morsi?). Y me da la sensación que la cerveza Stella une tanto o más que la Cruzcampo. 

Otra cosa que me enorgullece del ruidoso Cairo son las “mesas de la misericordia”, tradición durante el mes de Ramadán. Estas mesas comunitarias están situadas en todos los rincones de la capital, en casi todos los barrios de El Cairo. La gente recauda dinero que se destina a preparar cajas de comida para la gente sin posibilidades económicas. Sentados, los más pobres esperan a diario a la puesta de Sol para poder disfrutar de una comida caliente y un poco de agua potable. ¿No es reconfortante saber que aún existen dosis de humanidad como estas a pesar de la inestabilidad del país? 

 En el mes de Ramadán las familias y amigos se invitan los unos a los otros, compartiendo momentos de recogimiento y alegría tras la ruptura del ayuno. Por la noche, las calles decoradas con luces de colores son un hervidero de gente y las tiendas, cafeterías y restaurantes abren hasta altas horas de la madrugada. Al final del Ramadán, como símbolo de agradecimiento y generosidad se les da una cantidad de dinero a las personas más necesitadas para que puedan disfrutar con todos los demás la festividad del Eid. Es bonito vivirlo.

Permítanme revelar que no soy musulmana. Digo esto porque tengo la impresión de que en esta sociedad polarizada en la que vivimos, con las fauces listas para despellejar a cualquiera que se salga de la (tan subjetiva) norma, los argumentos personales son valorados según “quién” es uno y no tanto según el contenido de lo que expresa.

Volviendo al tema que nos concierne, ( ¿la misteriosa magia de Egipto?), hay algo que también es necesario conocer. Sus rincones paradisiacos donde no se conocen ni el ruido ni la masificación; Alejandría, Dahab, Sharm, Luxor… Donde muchos vamos cuando necesitamos desconectar de la polución acústica y el estrés. En estos sitios el aire huele diferente y la gente parece haber puesto freno al reloj. Sin duda encontrará el mejor fondo marino y playas de arena fina que acogen a cientos de turistas, los cuales quedan para siempre embelesados por la naturaleza del lugar.

No me extiendo más. Con estas palabras quería por un momento bucear en la zona honda de la piscina, evitando la superficie que siempre se ve y de la que siempre se habla. Hay un “más allá” en Egipto que es lo que realmente la pena vivir.
María S.Muñoz
17 Julio 2013

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