ABC de Oriente Medio (o cómo conseguir dar el pego al hablar sobre uno de los temas más trendys del momento)

¿Quién no ha querido ligarse a un barbas – o a una titi explosiva – explicándole lo sexy que es el enfrentamiento entre Arabia Saudí e Irán? Tras algún tiempo volcada en el estudio (y en intentar explicar lo que en ella ocure de forma simplificada) de lo que se ha convertido en la región de mis amores, se me ha ocurrido redactar un mini-diccionario. Una guía que pueda resultar útil para todo aquel que se vea obligado a hablar sobre el tema y, tal y como a mi me ocurre la mayoría de las veces – aunque intento que no se me note mucho – quiera dárselas de analista informado. Un manual que (soy consciente) combina apreciaciones personales y datos objetivos. Aunque al fin y al cabo, esa es la impresión que tengo cada vez que leo un estudio en profundidad sobre Oriente Medio. Así que… ¿por qué no convertirnos todos en uno de ellos y fardar en todos los guateques, coloquios, entrevistas de trabajo y viajes largos de autobús?


 

Assad (tanto padre como hijo): tiranos sanguinarios (aunque ojo, no los únicos en la región) que, directamente uno e indirectamente el otro, han convertido Siria en un infierno. El primero al crear un régimen represivo (baste con recordar qué hizo con los Hermanos Musulmanes en 1982) dominado por la minoría alauita y a la merced de los designios de unos pocos, entre los que destacaban Rusia e Irán. Una represión que su hijo, que en un primer momento todos creían moderado y modernizador, no dudó en ejercer con aún más saña ante el menor atisbo de levantamiento. Todo ello ha derivado en una guerra sin cuartel que ha atraído a elementos terroristas y a demagogos sectarios, que han convertido una revolución en pos de mayor libertad en un conflicto regional que, todo apunta a ello, se prorrogará durante años, ante la indiferencia de un Occidente reacio a intervenir – de nuevo – en la región. Una guerra que sólo llegará a su fin si las principales potencias de la región consiguen llegar a un principio de acuerdo fundado sobre la justicia transicional – Assad y sus aliados nunca iban a permitir que le depusieran, y parece haber llegado la hora de que todos acepten este hecho y luchen por lograr una solución inclusiva y con tintes de moderación.
Bagdad: las tropas de la coalición liderada por Estados Unidos tomaron la capital iraquí el 9 de abril de 2003, en lo que muchos consideran el verdadero punto de inflexión de lo que hoy ocurre en la región. La invasión de un país clave para el mundo árabe y el consiguiente derrocamiento de Sadam Hussein representaron la tormenta perfecta que desde entonces sumió al país en una espiral de violencia y enfrentamientos sectarios, no tan frecuentes hasta el momento. Iraq sigue erigiéndose hoy en uno de los principales campos de batalla entre potencias chiítas – es decir, Irán y sus aliados – y potencias sunitas – es decir, Arabia Saudí y sus socios. Un país al borde de la denominación de estado fallidoen el que los sunitas claman por la igualdad, hervidero ideal para grupúsculos terroristas que se han ido esparciendo por toda la región. Pero Iraq también se enfrenta a una de las nuevas tendencias en la región (caso también de Libia) – el separatismo, en este caso por parte de la comunidad kurda que se extiende a lo largo y ancho de un Kurdistán teóricamente dividido entre este país, Turquía, Siria e Irán.
Constitución: Túnez, el primer país en el que triunfó la “Primavera Árabe”, se ha convertido también en el primer país en aprobar una Constitución ejemplar – incluso para muchos países no árabes – y en apostar por la democracia. Varias han sido las claves de este éxito: la herencia de la colonización francesa que dejó tras de sí un país inspirado por el principio de laicidad en el que la mujer ha gozado de una libertad sin comparación en el vecindario; el poder acotado del ejército, que nunca ha jugado un papel preponderante ni ha controlado gran parte de la economía (como era el caso en Egipto); la menor influencia del Imperio Otomano; la pujanza que se han ido ganando los sindicatos…
Dios: o cómo resulta casi imposible entender lo que ocurre en la región sin tener en cuenta el papel que la religión juega en todos los ámbitos de la vida de sus ciudadanos. Las tres grandes religiones monoteístas – Islam, Cristianismo y Judaísmo – han ido moldeando la región y su sociedad. Algo que resulta imprescindible subrayar hoy en día es que hace unos siglos todas las comunidades convivían en paz en la región, y que es sólo desde hace unas décadas que el enfrentamiento entre individuos de distintas creencias se ha convertido en la norma. Y ello porque primero los colonizadores y después las élites políticas se han aprovechado de la religión para enfrentar a sus súbditos y reforzar su poder.
Egipto: la joya de la corona, y según algunos el país árabe por excelencia, Egipto es hoy en día uno de los países que mejor simbolizan en lo que algunos países de la región se pueden convertir si no se controla cuidadosamente a todos los actores implicados en un proceso de transición post-revolucionaria. Un país en el que muchos creen que se ha retornado a una situación aún peor que la casilla de salida – los tiempos de Mubarak – y en el que los militares han puesto en claro que no habían dejado ningún cabo suelto cuando invitaron al dictador a apearse del poder. Un país en el que sin embargo algo ha cambiado: la gente ha empezado a interesarse por la política (los taxistas del Cairo son el mejor exponente) y no tiene miedo a hablar de ello. Quizás la opinión de muchos, enormemente influenciados por los medios de comunicación dominados por el Estado, diste bastante de la objetividad, pero es innegable que se ha plantado la semilla de una sociedad civil cada vez más activa – también cada vez más reprimida, no lo olvidemos. Los Hermanos Musulmanes nacieron en Egipto hace más de 90 años y, a pesar de la encarnizada lucha de éste y otros regímenes (el saudí en particular) contra siquiera su mera existencia, nadie duda hoy de que seguirán representando un factor indispensable en la ecuación regional, así como los representantes principales de una corriente, el islamismo político, indispensable en el futuro de cualquier sistema que se digne a ser denominado democrático.
Francia, Reino Unido (¿e Italia y España?): o cómo las potencias europeas que arrebataron la región al Imperio Otomano no desempeñaron una labor mucho mejor que éste. Buena prueba de ello es el Acuerdo de Sykes-Picot de 1916, que antes del final de la Primera Guerra Mundial determinaría la configuración futura del territorio, sin tener en cuenta ni lo mas mínimo la voluntad de sus habitantes. Unas potencias que pusieron en obra mejor que nadie el principio de divide y vencerás” y que, al abandonar sus colonias y mandatos (en ocasiones de forma más brutal – veáse Argelia – que otras) dejaron tras de un caos mucho mayor del que encontraron.
Gaddafi: otro exponente máximo de la figura del dictador árabe, que durante años impuso su puño de hierro en un país que desde fuera muchos pensaban que progresaba adecuadamente. Dotado de su libro verde – una especie de libro rojo en versión libia – y gracias a los envidiables recursos del territorio libio, hizo gala de excentricidades varias y de alianzas más que dudosas. Y si no hubiese sido por un puñado de valientes que se echaron a la calle en Benghazi – que hoy enarbolan la bandera del separatismo – los países de la llamada Alianza Atlántica nunca hubieran osado intervenir. Una intervención bajo el estandarte de la responsabilidad de proteger que una vez derrocado Gaddafi no pareció haber previsto el estado de caos en el que se sumiría el país, hoy dominado por las milicias y los movimientos separatistas.
Hamas: movimiento islamista con rama política y militar de resistencia a Israel que a día de hoy domina la franja de Gaza. Conocido por su postura radical – se autodeclara yihadista (de hecho, está incluida en la lista de entidades terroristas de entidades como la Unión Europea y Estados Unidos) – y por las guerras que ha batallado desde su creación en 1987 – contra Israel y contra su archirival palestino, Fatah (en este último caso tras vencer las elecciones generales palestinas de 2006). La reconciliación entre las dos facciones palestinas ha sido un objetivo perseguido por varios actores – destaca el esfuerzo personal de Morsi a lo largo de su corto mandato – durante años, y hace unas pocas semanas el proceso fue  testigo de un avance fundamental con un Acuerdo que, en caso de tener éxito, no hará sino reforzar la postura palestina en el malogrado proceso de paz de Oriente Medio. No debe confundirse – a pesar de que ambos movimientos hundan sus raíces en la resistencia a Israel – con Hezbollah, “partido de Dios” creado en 1982 en el sur del Líbano, región habitada principalmente por chiítas que durante años denunció la marginación a la que se veían sometidos por cristianos y musulmanes sunítas.
Irán: el chivo expiatorio al que muchos gustan de apuntar con el dedo como culpable de la inestabilidad y sectarismo que hoy en día quiebran la región. La República Islámica, representante del antiguo Imperio Persa que alcanzó su auge en el siglo II dC y que durante centurias encandiló a muchos con su cultura y refinamiento, potencia chiíta por excelencia, es acusada por sus enemigos de extender sus tentáculos por Iraq, Siria, Líbano, Bahrain e incluso Egipto. Desde la Revolución de 1979, pocos son los países que se vanaglorian de mantener buenas relaciones con un Irán que bajo el puño de hierro de la Guardia Revolucionaria se fue cerrando cada vez más al resto del mundo, concentrado en reconstruir una nueva sociedad, tanto desde el punto de vista psicológico como material (dados los devastadores efectos de la guerra contra Iraq). Buen testigo de estas ansias de reconstrucción es el archiconocido programa nuclear iraní, uno de los principales quebraderos de cabeza de administraciones a un lado y otro del Atlántico, que por fin parece estar en vías de negociación gracias a (por una vez) los esfuerzos diplomáticos de la Unión Europea y, ¿por qué no decirlo? del nuevo Presidente iraní, Hassan Rouhani, alabado por su apariencia moderada, abierta y modernizadora. La sociedad iraní, sin embargo, y teniendo en cuenta lo poco que conocemos de ella, es aún en su gran mayoría una sociedad enormemente joven e insatisfecha, sometida a violaciones regulares de derechos humanos, y enfrentada a una situación económica complicada, consecuencia no sólo de las sanciones occidentales, sino también de un entramado de subsidios que a sus líderes les llevará tiempo deshilvanar.
Jerusalén: una ciudad mágica en la que entiendes por qué tantos pueblos han estado dispuestos a matarse durante siglos. Una ciudad cuanto menos mística, santa para las tres grandes religiones monoteístas (los miles de turistas enfervorecidos que la recorren en todo momento dan fe de ello), de estatus permanentemente indefinido (y que según algunos debería permanecer así), dividida en barrios y quebrada por las fallas del sectarismo. Jerusalén oriental estuvo hasta la devastadora guerra de 1967 bajo el control de lo que en un momento se llamó Transjordania (compuesta por Cisjordania y Jordania), y la ciudad se erige aún hoy como única capital en el imaginario de los palestinos (allí se encuentra la mezquita de Al Aqsa). Los  israelíes, sin embargo, también la consideran su capital eterna e indivisible” (y así lo declararon en 1980), a pesar de la negación continua por parte de los miembros de Naciones Unidas, que en protesta trasladaron sus embajadas a Tel Aviv. Jerusalén y su estatus futuro representan uno de los principales símbolos del conflicto palestino-israelí, respecto del cual muchos hoy no ven salida alguna. Pese a las idas y venidas del Proceso de paz de Oriente Medio (y de infatigables dirigentes como John Kerry), son innumerables los obstáculos a los que se enfrenta hoy la solución de los dos estados, y entre ellos destaca precisamente la dudable viabilidad en la actualidad de un Estado palestino que se ha ido convirtiendo en un estado rentista completamente dependiente de la ayuda occidental, en el que los asentamientos se han ido enquistando (pese a cuasi-boicotts por parte de la UE), creando un paisaje que contraviene todo derecho humano que la comunidad internacional ha ido reconociendo.
KSA de Kingdom of Saudi Arabia, como se conoce a Arabia Saudí en el mundo de los entendidos” (que al fin y al cabo es lo que queremos ser), o el país más rico de la región. Un país del que muchos en España sólo conocen a sus famosos “jeques saudís” con los que nuestras madres amenazaban con casarnos. Un país montado en el petrodólar que esconde mucho más: una enorme riqueza cultural que hunde sus pilares en las tribus que ocupaban la península arábiga antes de que el país fuera creado per se tan sólo 82 años atrás. Una monarquía que bajo el lema de “estabilidad a toda costa” ha pasado de actor secundario siguiendo la sombra de los americanos a potencia regional en cuestión de pocos años. Paradójicamente, esto ha sido en parte consecuencia de unos levantamientos que en su momento llegaron incluso a llevar a algunos a pensar que la democracia triunfaría en todo Oriente Medio. Un país a la vez homogéneo (buen símbolo de ello son las vestimentas de sus nacionales) y rebosante de contrastes. Un país sumamente joven cuyas nuevas generaciones han tenido la oportunidad de estudiar en el extranjero y vienen pisando fuerte. Quizás no todos impulsados por sueños con revoluciones en plazas Tahrir, pero si con ínfulas de modernización y progreso.
Libertad: o cómo un puñado de jóvenes idealistas consiguieron poner una región patas arriba e ilusionar al resto del mundo, simbolizando a aquel “indignado” al que la revista TIME nombró personaje del año en 2011. No son pocos los que hoy dudan de la utilidad y los orígenes de la llamada Primavera Árabe”, pero de lo que no cabe duda es de que una gran mayoría de los que en un principio tomaron las calles lo hicieron movidos por ansias de libertad e igualdad, grandes dosis de frustración y ua necesidad de jugar un papel más relevante en unos países que veían secuestrados por élites corruptas y totalitarias que algunos incluso llegaron a llamar cuasi-monarquías. A ellos se unieron hordas de ciudadanos que principalmente ansiaban una mejora de la situación económica, así como actores políticos – principalmente los Hermanos Musulmanes – que más tarde se aprovecharían de los atisbos de democracia conseguidos. Una libertad aún ausente en la gran mayoría de países de la región, y que una gran parte de ciudadanos valoran hoy menos que la estabilidad, como evidencia la calurosa acogida con la que la población egipcia ha recibido a Al-Sisi .
Monte Líbano: el origen de un país cautivador y paradójico como es el Líbano, heredero del Imperio fenicio y crisol de cristianos y musulmanes. El Líbano simboliza a la perfección la política de divide y vencerás” que Francia puso en marcha en sus mandatos, ya que fue creado a partir de comunidades completamente distintas entre que anteriormente formaban parte de lo que se denominaba la “Gran Siria” – los chiítas, los sunitas, los drusos y los cristianos maronitas. A estos últimos se les otorgó el control de un país que en un primer momento parec prosperar sin parangón – y sobre todo sin intervención gubernamental – pero que pronto demostró lo hondas que eran unas cicatrices políticas y sectarias que derivaron en una de las guerras más devastadoras – en particular por su duración – que ha visto la región hasta el momento. Líbano se erige hoy como un país completamente a la merced del devenir de sus vecinos sirios en el que el impasse político es la norma, y en el que la población sigue aferrandose a la desesperada a esa mentalidad de carpe diem que evitó que muchos cayeran en la desesperación durante el conflicto civil.
(Al-) Nour: nombre del Partido Salafista en Egipto, creado en Alejandría en 2011, aunque también hay partidos salmistas en países como Túnez y Libia. Los salafistas representan una rama del Islam que tiene como fin el islam de los salaf – compañeros del profeta Muhammad – en su pureza. Existen varias tendencias salafistas – de predicación y yihadista – y de ahí la confusión que hace que la gente ignore que los primeros rechacen la violencia. De hecho, es el salafismo la creencia predominante en Arabia Saudí.
Omán: el sultanato enigmático por excelencia. La Suiza de Oriente Medio, ya que Omán ha conseguido mantener una política exterior independiente de las grandes fallas de la región – quizás gracias a sus estrechos lazos con Reino Unido y Estados Unidos. Un país que sube peldaños en todos los índices de desarrollo y en el que los ciudadanos disfrutan de una estabilidad sin precedentes – respecto de la cual sus dirigentes se muestran enormemente celosos.
Perla, Plaza de la: una de las plazas revolucionarias, uno de los escenarios de la Primavera Árabe”, sita en la capital de Bahrein, Manama. Inspirados por sus vecinos tunecinos y egipcios, los bahreinís también tomaron las calles de las principales ciudades de la península, uno de los países más desarrollados de la región y en cuyo territorio echa amarras el Ejército de los Estados Unidos. Muchos de ellos (aunque no todos) pertenecían a la mayoría chíi del país, que se ha visto durante años apartada de la toma de decisiones y desfavorecida por la monarquía absoluta de los Al Khalifa, no conocida precisamente por respetar escrupulosamente los derechos humanos de sus ciudadanos. La rebelión en un principio (y al igual que ocurría con los levantamientos que tuvieron lugar en Jordania) no tenía como fin derrocar al rey sino lograr una mayor justicia social para todos los ciudadanos. Pero, al igual que sucede en el resto del Golfo, la estabilidad es el bien más preciado para sus líderes, y éstos no dudaron en enviar tropas bajo el estandarte del Consejo de Cooperación del Golfo para sofocar la insurrección. Tras la represión se puso en marcha un proceso de diálogo nacional, y el monarca incluso encargó a una Comisión de notables la redacción de un informe que dictaminaría qué es lo que había ocurrido exactamente. Sin embargo, todo esto parece haber caído en saco roto, y lo que en principio parecía un levantamiento pacífico está dando pie a la aparición de lo que las autoridades denominan “grupúsculos terroristas” que, cansados de pernoctar en las plazas y no ver sus demandas satisfechas, optan por ataques localizados.
Qatar: el país del golfo que durante unos años pareció erigirse en valor en alza de la región, gracias a profusas inversiones en el interior y en el exterior (y a una exitosa diversificación de su economía, no tan dependiente del petróleo como sus vecinos), a una exitosa cadena de televisión – Al Jazeera – y a una política exterior enormemente flexible y ajustada al momentum creado por la Primavera Arabe. La apuesta de los qatarís por el Islam político era clara, y lo demostraron, entre otros, financiando a los Hermanos Musulmanes en Egipto o visitando la franja de Gaza. Pero esta postura no parecía satisfacer a países como Arabia Saudí, que no dudaron en enfrentarse directamente con el Estado por el apoyo prestado por éste a los Hermanos tras el golpe de estado egipcio (repito y subrayo: que no revolución) del 3 de julio. Varios países del Golfo siguieron los pasos de los saudíes, y el enfriamiento de las relaciones fue patente hasta que Kuwait logró recientemente mediar hacia un principio de reconciliación. En otro orden de cosas, está previsto que el Mundial de Fútbol se celebre en Qatar en 2022, una noticia gracias a la cual se ha conseguido sacar a la luz la precaria situación en la que (sobre)viven los inmigrantes en el país, denunciada en numerosas ocasiones por grupos como Human Rights Watch.
Recep Tayip Erdogan: el presidente que ha llevado a Turquía de ser un modelo de país de mayoría musulmana (que no dudó en aupar en el poder a un partido islamista moderado) a ser hoy en día un país devorado por la insatisfacción no controlada de aquellos que en 2013 tomaron la plaza Taksim, por la corrupción, por la pérdida de influencia a nivel regional, por los efectos colaterales del conflicto sirio, por el desgaste causado por los numerosos problemas aún sin resolver con la comunidadkurda
Sufí: Marruecos es el único país árabe en otorgar un papel privilegiado a las cofradías sufíes, y según algunos analistas, ésta es la clave de la estabilidad que parece reinar en el país norteafricano. Una estabilidad que a partir de 2011 se vio perturbada por erupciones de disenso que el Rey Mohammed VI manejó hábilmente al aprobar una Constitución en teoría más inclusiva y democrática, en lo que ha sido denominado tercera vía de la Primavera Árabe” – ni reformas drásticas ni inmovilismo. Una vía que ha atraído enormemente al resto de monarquías absolutas de la región – de hecho, el Consejo de Cooperación del Golfo ha invitado a Marruecos y a Jordania a forjar una alianza mucho más estrecha con la organización.
Tarboosh (también llamado fez, proveniente tanto de la palabra en turco como de la ciudad marroquí en la que nació, en español): se trata del mítico sombrero rojo de borla negra introducido gradualmente por el Imperio Otomano en el siglo XIX para sustituir al turbante. El objetivo no era obviar el simbolismo musulmán del turbante, sino garantizar una mayor igualdad entre los habitantes del Imperio. Fue ésta una de las medidas que acompañaron a las reformas del Tanzimat que tenían por fin modernizar el Imperio e impulsar una suerte de nacionalismo otomano. Estas reformas, que no consiguieron evitar la decadencia del hombre enfermo del siglo XIX”, sí que buscaban en cierto modo dejar de lado las creencias particulares de cada habitante para igualarlos ante la Ley – los primeros pasos hacia el principio de laicidad que Ataturk impuso en Turquía tras declarar la independencia de la República.
USA: o cómo Estados Unidos ha pasado de ejercer una influencia nada desdeñable en la región a – consciente de las nefastas consecuencias de sus intervenciones en Afganistán e Iraq – tras la calurosa acogida de una Primavera Arabe de la que no parecían ver los peligros de los que iba revestida, dejar abandonados a sus antiguos socios a su propia suerte – o lo que es aún peor, deteriorar la situación sin adoptar una postura clara, como ilustran los casos de Egipto o Siria.
Violencia: aquella que atraviesa la región de este a oeste y de norte a sur en todas las formas posibles – entre comunidades, entre países, entre vecinos, en el seno de las familias, entre élites y por parte de las élites, por motivos políticos, por frustración sexual, por creencias varias, por ignorancia… Sobre todo por ignorancia, para lo que sólo basta con comprobar las cifras de analfabetismo en Oriente Medio.
WWW: o cómo la Primavera Árabe” no se hubiese contagiado de tal manera – y según algunos (tal y como demuestra el estudio Opening ClosedRegimes: What Was the Role of Social Media During the Arab Spring?), ni siquiera hubiese estallado – de no ser por el poder e influencia de internet y las redes sociales. Internet se ha convertido en un recurso inagotable para jóvenes frustrados, insatisfechos, enclaustrados. Y es gracias a internet que hemos tenido la suerte de descubrir las distintas formas de “arte revolucionario” que esta etapa ha inspirado a lo largo y ancho de la región – street art, música, innovadores proyectos urbanísticos– y que no hace sino dejar claro que algo ha cambiado en sus mentalidades.
XX, o los cromosomas de la mujer: una de las preguntas más recurrentes en lo que a Oriente Medio se refiere es “¿qué hay de la situación de la mujer?. La respuesta parece simple: mejorable. La prensa y valientes organizaciones nos ha dado la oportunidad de descubrir con horror los niveles que alcanza el acoso sexual en Egipto, el tratamiento que reciben algunas mujeres y niñas en Irán y Yemen, el que las mujeres no puedan conducir en Arabia Saudí. Y todo ello bajo un manto de legitimidad fingida que parece haber otorgado la religión musulmana, que cuando se refiere a la mujer lo hace la mayor parte de las veces en clave de igualdad. Es por ello que las reformas en tela de juicio por algunos países en este sentido son bienvenidas, pero la necesidad que impera gira en torno a la educación y a lo que en el mundillo de las ONGs se llama “empowerment”, tanto para las propias mujeres como para los hombres que por ignorancia o impotencia se aprovechan de la posición dominante que muchos líderes religiosos les han otorgado para hacerles sentir que al menos tienen agencia algo que decir en algún aspecto de su vida.
Yemen: Yemen también es un país en el que se ha experimentado con las posibles respuestas a la Primavera Árabe”. En este caso, los países del Consejo de Cooperación del Golfo impusieron la deposición del Presidente Salé, que fue sustituido por su segundo de a bordo, y pusieron en marcha un proceso de reconciliación nacional que por fin dio sus frutos a principios del 2014, aún aquejado de dos importantes carencias: no se posiciona claramente sobre el conflicto separatista entre norte y sur, ni tampoco logra dar con una solución a la espiral de violencia y terrorismo en la que el país lleva años sumido.
Zapato: tal y como aprendimos gracias a George Bush junior, no hay nada peor en el mundo árabe que te muestren la suela del zapato (¡cuidado al descalzaros en las mezquitas!) – o que directamente te la lancen a la cabeza.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s