Momentos clave en Oriente Medio a lo largo de 2014.

Para redactar este artículo se ha decidido partir de la base y el guión del recapitulatorio correspondiente a 2013. Todo ello demuestra que aunque Oriente Medio parezca la región más tumultuosa del mundo -y en algunos contextos nadie puede dudar que lo es- la gran mayoría de las cosas, cual paradoja gatopardiana, no han cambiado.

1. Egipto, de vuelta a la casilla -1.
El año pasado representó el verdadero punto de inflexión para la revolución que desde Tahrir consiguió convencer a propios y extraños de que la “Primavera Árabe” era un fenómeno más tangible de lo que muchos pensaban. También fue gracias a Tahrir que el Ejército egipcio volvió a tomar las riendas del poder y decreto a decreto, arresto a arresto, sentencia a sentencia, ha ido erigiendo un sistema autoritario y aún más represivo que el del propio Mubarak. Y ello a pesar de que los ingredientes en principio fundamentales para una verdadera democracia -Constitución y elecciones– no han brillado por su ausencia. En 2015 dos citas clave aguardan a Egipto: elecciones parlamentarias y la cumbre por un Oriente Medio libre de armas nucleares. Nada parece indicar, de momento, que el pueblo volverá a tomar la palabra en contra del todopoderoso e incontestable al-Sisi.
2. Siria, o un rompecabezas cada vez más difícil de resolver.
El conflicto que algunos analistas preveían que no podría durar más de tres meses -y al final del cual Assad seguiría el ejemplo de Ben Ali, Mubarak o incluso Gaddafi-, se ha convertido en una sangrienta guerra civil de casi ya tres años de duración que ya ha cumplido con su amenaza de contagiar a los países vecinos (veáse Libano e Iraq). Enfrentado a una amálgama de grupos rebeldes y a los yihadistas de los que advirtió desde el principio, y en cierto modo aupado en el poder por el caos reinante, Assad parece más invencible, cómodo y convencido de sus deletereos sueños que nunca, y de hecho se proclamó vencedor de unas elecciones que recalcaron hasta qué punto el dirigente sirio sigue siendo la única alternativa para muchos de entre sus conciudadanos. La única solución pasa por un compromiso político con el régimen sirio y sus aliados más poderosos, como son Irán y Rusia. Todo apunta a que la iniciativa “Aleppo First” del enviado especial del Secretario General de Naciones Unidas gana adeptos día a día. Y todo ello sin que la región se libre del despiadado Bashar del que algunos lideres occidentales ya no se muestran tan deseosos de prescindir. Ya lo decían los seguidores del régimen desde el primer día: “Assad o quemamos el país”.
3. Líbano, o la frágil estabilidad temerosa del efecto dominó.
A principios de año Libano se dotó de un nuevo Gobierno de interés nacional. Hoy en día, sin embargo, el país no tiene Presidente y se ha visto obligado a extender el mandato de su Parlamento, símbolos del caos que reína en el país. Un caos al que ya muchos están acostumbrados en lo que a la escena política se refiere, pero que desconcierta en el ámbito securitario a una población que todavía no ha conseguido recuperarse de las heridas no cicatrizadas de la Guerra civil. El conflicto sirio se hace sentir en todas y cada una de las calles del país, bien en forma de hordas de refugiados, como de riñas políticas, ataques terroristas, enfrentamientos en zonas fronterizas…
4. Libia, estado fallido tres años después de la intervención.
Libia está en boca de todos los que advierten contra cualquier tipo de intervención occidental en cualquier otro país de la región. Y a la vista de la situación actual, no resulta difícil seguir la lógica de este razonamiento. Hoy Libia parece más lejos de la estabilidad que nunca, y amenaza con sumir a sus vecinos en la incertidumbre total ante el dilema sobre si intervenir -de nuevo- o no. Y lo peor de todo es que, al igual que ocurre con la mayoría de conflictos en la región, la guerra en Libia presenta muchas más dimensiones de las que los medios más simplistas -y los líderes más avezados- quieren hacernos creer: federalistas contra centralistas, islamistas contra secularistas, militares contra rebeldes, antiguo régimen contra liberales, elementos tribales contra componentes urbanitas…
5. Túnez, la ¿última? esperanza de la Primavera Árabe.
Hoy en día no existe medio que no se deshaga en halagos en referencia a Túnez. Tras un 2013 marcado por la inestabilidad política, el país aprobó a principios de año una Constitución de la que no pocos países occidentales podrían tomar ejemplo. Sentadas las bases de una prometedora democracia, Túnez celebró elecciones parlamentarias y presidenciales, marcadas no por el escepticismo de una porción no desdeñable de la población, sino por la madurez de políticos de uno y otro bando. Retos cuanto menos complejos quedan pendientes de resolver durante 2015, de entre los que destacan la reconciliación, la economía y el dejar atrás definitivamente todo rastro del antiguo régimen -tarea esta última cuanto menos sisifica a la vista de los resultados de los comicios.
6. Yemen, del Diálogo Nacional a la guerra larvada.
El país del Golfo en el que un día pareció que la Primavera Árabe también daba sus frutos consiguió a principio de año dar por culminado un proceso de dialogo nacional que sentaría las bases para la aprobación de una Constitución que por fin delimitaría las reglas de juego para la escena política todavía dominada por elementos del antiguo régimen. Bajo la atenta mirada de los dos contendientes de la Guerra Fria de Oriente Medio -Arabia Saudi e Irán-, los yemenís están hoy más cerca de la guerra civil que nunca y, al igual que ocurre en Libia, los bandos no están perfectamente delimitados, ni mucho menos: rebeldes chiítas, terroristas sunitas, drones que vienen del cielo sin saber muy bien por qué, separatistas en el sur, jóvenes decepcionados y, sobre todo, una población aterrorizada e impotente.
7. Palestina e Israel, cada vez más cerca de la Tercera Intifada.
Como demuestran sus numerosas idas y venidas entre Washington DC y Tel Aviv, John Kerry parecía ser el único que mantenía viva la esperanza de que las negociaciones de paz entre Israel y Palestina pudieran llegar a buen puerto en 2014. El acuerdo de reconciliación -aún muy lejana- entre Hamas y Fatah hirió de muerte el proceso de paz. La guerra de Gaza no hizó sino representar el golpe de gracia del mismo, prólogo de una situación en la que la solución de dos estados -y, para el caso, cualquier solución- parece más lejana que nunca y en la que la tensión aumenta por momentos en Jerusalén, en Cisjordania, en Gaza y en Israel en su totalidad.
8. Turquía, el vecino incomodo.
Turquía ha pasado en cuestión de menos de una década de ser el alumno aplicado al que todo el mundo alababa como módelo de islamismo moderado para todos los países en los que la Primavera Árabe hubiese triunfado al aliado al que todo el mundo preferiría ver calladito. A un país que aspiraba a una política exterior en la que cero problemas con sus vecinos garantizaría una cierta hegemonía en la región a un estado que se muestra hoy desorientado a la hora de adoptar decisiones contundentes frente a amenazas reales como el Estado Islámico. La situación en el interior no es más halagüeña, y el nuevo y flamante Presidente Erdogan demuestra cada día más que prefiere el modelo de Putin al modelo europeo por el que gran parte de su país suspira desde 2005.
9. El Estado Islámico.
Y el premio para el actor revelación es para… la organización de los mil y un nombres que en junio decidió dar la campanada y proclamar a los cuatro vientos su intención de crear un califato, encabezado por Abu Bakr al-Baghdadi, que por el momento encuentra su corazón en la ciudad sitia de Raqqa y que hoy está a caballo entre Siria e Iraq – si no se cuentan las regiones creadas en Yemen y Libia. Este paso adelante por parte de una organización que llevaba ya meses operando en ambos estados bastó para despertar de su letargo a todos los que hasta el momento habían descartado intervenir de un modo u otro en el conflicto que desangra el corazón del mundo árabe: provocó la caída en desgracia de al-Maliki, impulsó a que Estados Unidos encontrará la línea roja de la intervención que un día pareció desaparecer del horizonte de Obama, acercó posiciones entre Irán y Arabia Saudi, e incluso entre el reino saudí y Qatar… Mientras que algunos medios afirman desde ya que el Estado Islámico tiene las horas contadas, resulta difícil imaginar cuál será la manera de erradicar al grupo, tanto sobre el terreno como en la red, y ahora parece incluso que en la propia Europa.
Bonus: negociaciones nucleares con Irán.
Resulta hoy difícil hablar de cualquier conflicto en la región sin hacer mención a la palabra sectarismo, fenómeno éste que simboliza la eterna rivalidad entre Arabia Saudí e Irán, que ha dejado tras de si enemistades de varias gradaciones a lo largo y ancho de Oriente Medio. Irán, el eterno chivo expiatorio de Occidente, se perfila hoy como un socio imprescindible. Y para conseguir que esto sea posible, no les queda a los miembros del P5+1 otra alternativa que seguir avanzando en las negociaciones que, entre extensión del plazo y extensión del plazo, mantienen calmados a los socios de larga data de Occidente, saudíes e israelíes, que ven la posibilidad de una bomba nuclear iraní como el primer escalón hacia el Apocalipsis.
Otros países a tener en cuenta para no perder el hilo de la actualidad en la región: Marruecos, Argelia, Bahrein y, obviamente, el Golfo con sus dilemas en torno al precio del petroleo y sus batallas intestinas.

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