Yemen, o los 10 mandamientos para descarrilar una transición

El conflicto yemení es un carajal, eso ya lo tenemos claro. Sin embargo, hace unos meses no eran pocos los líderes que se pavoneaban de lo que denominaban una victoria de los países del Golfo frente a unos vecinos -con la excepción de Túnez- incapaces de hacer las cosas bien. ¿Qué es lo que ha llevado al país a la situación actual?

  1. Meterás prisa a todos los participantes para así presumir del proceso como uno de los éxitos de la ‘Primavera Árabe’.
La denominada iniciativa del Golfo de 2011 -auspiciada por Naciones Unidas y el Consejo de Cooperación del Golfo- marcaba la hoja de ruta de la transición y, según la misma, el antiguo Presidente Ali Abdullah Saleh cedería el poder a su Vicepresidente Abdrabuh Mansour Hadi en una transición controlada que no debía durar más de dos años. A medida que el proceso se alargaba, la alarma crecía en el interior y exterior del país, y la presión sobre los participantes en el tan cacareado Diálogo Nacional les obligó a adoptar un acuerdo final incompleto, insatisfactorio y precipitado. Resulta irónico: ‘tomar Sanaa o fracasar, sin importar cuánto tiempo dure el viaje’ se convirtió en una expresión tremendamente popular entre los activistas yemeníes en relación a las dificultades diarias a las que se sigue enfrentando la población.
  1. Discutirás asuntos políticos e incluso administrativos antes de resolver los problemas más acuciantes.
Así, impondrás un texto pre-constitucional sin someterlo a referéndum.  Y harás amago de abordar la organización territorial del Estado sin que quede claro si realmente hay Estado o no. Para muestra un botón: no hay rastro alguno de gobierno efectivo en el Sur. La única ciudad que puede presumir de fuerzas de seguridad -y solo de policía militar en puestos de control- es Aden, pero lugares como Lahj, Yafa’a, al-Dhala’a y Abyan no tienen ninguna presencia real del gobierno más allá de oficinas del gobernador y centros de pago de facturas. Incluso las centrales de policía están desiertas en la mayoría de estas áreas.
  1. Omitirás que se trata de un Estado paupérrimo.
Los recursos petroleros son insignificantes en comparación con los de sus vecinos y, lo que es peor, disminuyen vertiginosamente. Y eso que el país depende de las exportaciones de crudo para financiar hasta el 70% de su presupuesto. Yemen es el segundo país más pobre del mundo árabe, acechando en la lista muy de cerca a Mauritania. El país presenta hoy la segunda tasa de desempleo más alta del mundo, que llega hasta el 50 %. El desempleo juvenil es particularmente grave, y las perspectivas en este sentido no son nada halagüeñas, ya que el país tiene un pantagruélico indice de natalidad consecuencia del cual han nacido varias generaciones de “baby boomers”. Un dato adicional -que no coincidencia- a tener en cuenta: miles de familias dependen de las remesas de los emigrantes yemeníes que trabajaban en Arabia Saudí.
  1. Concederás inmunidad a los malos de la película.
La Iniciativa del Golfo giraba en torno al concepto de gradualismo y buscaba el consenso y la estabilidad por encima de todo. En esta línea, consciente de la enorme influencia de los mismos, otorgaba total inmunidad a Saleh y a sus colaboradores. Ni siquiera prohibía que el antiguo Presidente volviera a inmiscuirse en la arena política yemení, cuyas bambalinas no ha abandonado desde su derrocamiento. De hecho ha pasado de luchar encarnizadamente durante años contra los Houthis a aliarse con ellos descaradamente. Todo con tal de retomar las riendas del país, aún a costa de la estabilidad y seguridad de sus conciudadanos. Mientras, los que en 2011 se echaron a las calles para exigir un cambio, y sobre todo las familias de los ‘mártires de la Revolución’, aún no han visto satisfecha ninguna de sus demandas.
  1. Olvidarás la profunda polarización en la que se encuentra sumido el país
Yemen es un país eminentemente tribal. Los Houthis son, y han sido durante siglos, la tribu dominante en el norte del país, que fue un estado independiente hasta 1990, cuando se fusionó con el sur de Yemen para formar la República de Yemen. El Norte había sido y era, predominantemente chiíta (principalmente Houthi); el Sur era, y es, predominantemente sunita. Y después de la unificación, los sunitas del sur gobernaron marginando a los chiíes del norte. La ira acumulada que desembocó en el levantamiento de 2011 fue utilizada por los houthis, que consiguieron que tanto sus correligionarios como conciudadanos bajo diferentes signos tomaran las calles clamando por un verdadero Estado civil, ayudándoles así a tomar Sanaa en septiembre de 2014 y, de paso, abriendo la caja de Pandora de la península arábiga.
  1. No permitirás en ningún momento que el proceso sea inclusivo.
Y es que el documento base de la transición, resultante de aquel Diálogo Nacional que fue aclamado como un éxito de la ‘Primavera árabe’, ha demostrado ser en esencia poco más que un mercadeo entre élites corruptas de futuro hipotecado por densas redes clientelares. Un participante en el Diálogo ya confesaba la escasa representatividad real del mismo a The Economist: ‘hay dos Yemen, el Yemen de dentro de la conferencia y el Yemen de afuera’. Ello no quiere decir que el diálogo fuera totalmente ilegítimo o no representativo, pero sí que no abordaba las preocupaciones no sólo de los Houthis sino de muchos otros grupos marginados y desencantados en Yemen. Destacan entre éstos los revolucionarios que tomaron las calles en 2011, el movimiento separatista del sur al-Hirak, el Congreso General del Pueblo encabezado por Saleh, y la Congregación Yemení para la Reforma (al-Islah), rama de los Hermanos Musulmanes en Yemen antiguamente respaldada por los saudíes.
  1. Desestimarás la presencia de al-Qaeda en la Península Arábiga.
…y la de Daesh (mal llamado Estado Islámico), que hace menos de un mes se atribuyó la autoría de un atentado que dejó tras de sí más de 150 muertos. De hecho, obviarás la necesidad de desarmar -o al menos poner de tu parte- a los actores no estatales en todos los bandos del conflicto y rincones del país.
  1. Harás depender la totalidad del proceso de un solo intermediario.
Mandamiento particularmente imperativo si se trata de un Enviado Especial de Naciones Unidas algo ‘disperso’. Un Enviado, Jamal Benomar,  que contaba con la ventaja de dominar el idioma de los autóctonos pero cuya posición ‘exclusivista’ le impidió buscar el consenso con el resto de la comunidad internacional. Esta falta de coordinación llevó el proceso al punto muerto en numerosas ocasiones. Oh sorpresa hace pocos días presentó su dimisión.
  1. Dejarás que sea una potencia regional con no muy buena fama la que capitanee el proceso.
Arabia Saudí no ha sido únicamente el Estado que se ha erigido en redentor de Yemen liderando la operación ‘Tormenta Decisiva’, sino que en su momento decidió los términos y ritmos tanto de la Iniciativa del Golfo como del proceso de transición en su totalidad. De hecho, Arabia Saudí lleva décadas interfiriendo en los asuntos internos del país, y muchos apuntan a que al país wahabbi  le interesa tener un vecino del sur en el que reine la inestabilidad pero de forma controlada, obligado a recurrir a su ‘hermano mayor’ cada vez que la situación se les vaya de las manos.
  1. Desdeñarás la situación regional.
No tendrás en cuenta el conflicto irano-saudí que emponzoña cualquier asunto en el vecindario y obsesiona a todos sus líderes. También olvidarás, entre otras muchas cosas, que sigue en pie una lucha regional en torno al papel e incluso existencia de los Hermanos Musulmanes. No recordarás que el objetivo último debería ser evitar que Yemen se convierta en una nueva Siria, un nuevo Líbano o peor, una nueva Somalia.
Bonus track. Dejarás que todo chichirimuchi meta las narices en tus asuntos.
Arabia Saudí, Irán, Barak Obama, Binjamin Netanyahu, la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, los Hermanos Musulmanes, Hassan Nasrallah, el analista experimentado y la vecina del cuarto. Y sin que a ninguno de ellos les preocupe excesivamente ni la población yemení ni mucho menos el futuro poco halagüeño que les espera.

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